EL SUEÑO DE MAS.
POR JUANMA NOLODIGAS
(Profeta por desgracia)
La
noche que Mas es elegido President de la Generalitat, en su primera
cabezada después de tanto trajín, tiene una revelación. En el
sueño aparece la palabra “elegido” y se hace tan grande que se
le sale por los lados de la mente. Cuando despierta lo tiene claro.
Él no será otro President de la Generalitat cualquiera, su nombre
quedará grabado en los anales de la historia; su paso por este mundo
será trascendental, el destino así lo ha querido. Será un mito, un
momento histórico, alcanzará la Gloria, la fama infinita. Dentro de
doscientos años a los niños catalanes se les enseñará en el
colegio que él, Artur Mas, fue el padre de la gran nación catalana.
Tendrá plaza, calle y estatua en cada pueblo de Alicante para
arriba, en Mallorca sólo se hablará catalán y el Real Madrid habrá
desaparecido. Será Mas que Jordi, Mas que Obama, Mas que Mesi.
Lo
tiene a huevo. Sólo tiene que montarle la bronca al gallego, ponerle
contra las cuerdas, decirle que o se lo da o se lo quita. El otro no
se va a revolver, está metido en un berenjenal de tres pares de
cojones y no quiere líos, ya tiene bastantes con los de la prima y
la Merkel. Ahora es el momento. Los de la Exquerra le echarán una
mano y sus enemigos de partido también. Están pringados en pleitos
con la justicia y necesitan de la patria para tapar vergüenzas. Todo
juega a su favor. España está sin un duro, la Belén Esteban ya no
es lo que era y el Rey anda cojo y con mala prensa. Hay que
aprovechar, cuanto antes mejor, aquí no hay más que rascar. Puede
fantasear y provocar lo que quiera, desafiar, hacer peinetas, cortes
de manga, ¿que le puede ocurrir? En la Europa de hoy no dejarán que
venga un ejercito a partirle la boca y los españoles están en sus
manos. Tiene la llave del gas, la de la luz y la del camino por donde
tendrán que pasar si quieren salir del pueblo. ¡Estos no saben con
quien se la juegan!. ¡Se van a enterar! Conoce a sus paisanos, sabe
que son trabajadores, inteligentes y capaces de realizar grandes
empresas. Es verdad que no les gustan las trifulcas, pero ahora andan
jodidos de pasta y la pela es la pela. Sera fácil convencerlos, para
algo habrá servido el adoctrinamiento. Les dirá que los ningunean
en Madrid, que no les quieren pagar las facturas, que les están
robando, que tratan de eliminar su cultura, que le han llamado chulo,
que encontraron a un franquista cagando en Monserrat... cualquier
cosa que los encabrone y les haga coger la bandera. ¡Esto está
chupao!
El día que Mas va a la Moncloa y le cuenta su sueño al gallego,
éste intenta no darle importancia, pero esa noche no duerme, da
vueltas en la cama y se levanta antes que suene el despertador.
Mientras se repasa la barba decide que hará como si no pasara nada.
Jugará a la política, sacará de donde sea para contentar al
catalán, aplazará juicios, le pondrá un tren y le dará largas y
treinta mil millones para que vaya tapando boquetes. No obstante,
entiende que eso comparado con la gloria es una menudencia. No es que
a él lo de la gloria le importe mucho, él con unos habanos tiene
bastante, pero no es tonto y sabe que al que le da por ahí, no se
conforma con nada y que muchos la han liado parda por eso.
A Mas
se le ve exultante, las cosas suceden mejor de lo que ha pensado. No
sólo lo elevaban a los altares aquellos con los que ya había
contado, también en Madrid un numeroso grupo de acomplejados
artistillas bien intencionados le adoquinan el destino. Tener a los
humoristas de su parte no es ninguna tontería, la carcajada ensancha
los pulmones y la broma alarga la vida de uno cuando se la gastan al
otro. Le viene al pelo que los actores no se expresen y que los
cantantes callen. Coger como eslogan “El derecho a decidir” ha
sido un gran acierto, suena demasiado democrático para que se atreva
a contradecirlo cualquiera que se las dé de moderno. Menos mal que a
nadie se le ocurrió sacarlo para preguntar sobre la pena de muerte,
la ley antitabaco, el precio de la leche o los matrimonios gays.
Imaginen que le hubiera dado al personal por pedir un referéndum,
para ver si queríamos que todos los votos valieran lo mismo. La
verdad es que se lo ha hecho de puta madre. No le falta más que
montar un convite, una gran fiesta, una sardana gigante que muestre
al mundo que son los mejores jugando al corro.
La
fiesta es todo un éxito. La gran cadena serpentea por carreteras,
montes y playas haciendo saltos y olas. Las imágenes desde el
helicóptero hablan por si mismas: juegos por doquier, alegría a
raudales, hombres, mujeres, perros, niños y vacas estrenando
camiseta saludando a las nubes. En tierra unidades móviles,
declaraciones patrióticas, proclamas de libertad, coros y danzas,
lagrimas de júbilo. ¡El futuro es nuestro!, ¡nadie podrá oponerse
a la voluntad del pueblo!, ¡somos únicos!, ¡el mundo nos ve!. El
orgasmo cívico, la gran corrida nacionalista atraviesa Cataluña de
norte a sur en una jornada sin incidentes en la que nadie duda que,
esta vez sí, ha prendido el germen de lo que será la gran nación
catalana. Sólo al final, hechos aislados con apenas trascendencia en
los medios, como la quema de banderas y fotos del Rey, realizadas por
revoltosos encapuchados, haciendo uso de su libertad, empañan,
siquiera una mota, el impoluto cristal del glorioso día. No ocurre
lo mismo en Madrid, donde docena y media de sanguinarios ultras de la
más baja estopa de la derechona franquista, al grito de “no nos
engañan Cataluña es España” ultrajan, toman y secuestran,
durante un cuarto de hora, la delegación catalana en la capital.
Acción infame, a todas luces condenable, que no se deberá repetir,
como todos habréis visto en televisión cincuenta veces.
Mas ese
día, mientras se palpa la mancha viscosa que le rodea la bragueta,
deja que sus ojos en blanco caminen por la inevitable realidad que le
espera: presidir desfiles, recibir credenciales, dar discursos ante
la Asamblea General de las Naciones Unidas, inaugurar bases de
lanzamiento... Está levantando la copa del mundial cuando un codazo
le dice que le toca hablar.
¡El
día tal, a tal hora, consulta!. Lo ha dicho. A partir de entonces y
según se va acercando la fecha, el debate secesionista se
intensifica hasta el punto que para el mes de julio los partidos
políticos se reducen a dos, (los proin y los contrin). Al mismo
tiempo se ha borrado de los medios cualquier vestigio de corrupción.
Ya no se habla de Bárcenas, ni de los Pujol, ni de Blesa, ni de
ERES. Por más que “El Follonero” se esfuerza en traer a su
programa especialistas en desfalcos y catástrofes financieras la
audiencia se le viene abajo. A estas alturas “Salvame” ya ha
cambiado a los contertulios habituales por falangistas y esquerristas
que dan más juego y el tiempo ha dejado de ser tema de conversación.
Sólo se habla de fútbol e independencia. Unos dicen que habrá
referéndum otros que no, unos dicen que una Cataluña independiente
no tendrá cabida en Europa, otros dicen que sí. Unos dicen que se
marcharán las empresas, otros dicen que vendrán más. Unos dicen
que si pitos, otros que si flautas, unos que si patatín, otros que
si patatán, unos que si el puente, otros que si el ingeniero. Al
final no importa quien tiene razón y empiezan a hablar los
corazones.
-Tu eres un hijo de puta
-Y tu más.
El referéndum no se autoriza, aunque se instalan urnas y hay colas
de ciudadanos que van a votar. Los resultados según datos de los
propios impulsores de los comicios, son abrumadoramente partidarios a
la independencia, si bien reconocen que un 9´3% del electorado ha
optado por la opción A, y que el número de noes y nulos llega al
4´7% de los votos emitidos, de un total del 50´01% del censo
electoral en el que se ha incluido a los mayores de 16 años y a las
chavalitas que por sus tetas parecen tenerlos. Así las posiciones se
enconan, se exacerban, se incrementan, se avivan, se intensifican, se
exasperan y se recrudecen.
Como aquí
no hay quien se entienda, se busca una resolución internacional al
conflicto. Se reúne con carácter de urgencia el consejo permanente
de la ONU y su secretario general dice: ”Ya están los gilipollas
de siempre, pegándose por lo mismo. ¿A ver?. ¿Que hacemos?”.
Mientras
Francia y Rusia toman partido a favor del gobierno de Madrid,
Inglaterra tras haberle salido bien lo del referéndum escocés se
posiciona abiertamente al lado de los secesionistas. Los
Norteamericanos aún siendo socios de los británicos, maniobran en
la ambigüedad, procurando no mojarse ya que sus bases se encuentran
del Ebro para abajo. Los chinos están a verlas venir, dicen que no
se meten, que les da lo mismo y de paso aprovechan para comentar que
tienen las metralletas más baratas, El resto de países a los que
les ha tocado por orden alfabético pintar la mona ese año en el
Consejo de Seguridad, intentan sacar tajada como pueden y acuden a
los almuerzos de trabajo invitados por las delegaciones españolas y
catalanas a deliberar sobre las excelencias de la butifarra y el
ibérico. Aunque a priori la elección parece clara, los regalos que
rondan bajo cuerda complican la decisión y mientras unos cantan
canciones de los Queen animados por el Ribera del Duero, otros en la
habitación de al lado, no paran de descorchar botellas de Freixenet.
Parece que la resolución se va a hacer esperar.
En
verano del 2017, ni España ni Cataluña están en Europa. Los
Europeos, temerosos del contagio fratricida desatado en la Península,
han vuelto a poner el cordón sanitario en los Pirineos y por aquí
no aparece ni el Tato. La industria turística se reduce a los
contrabandistas de armas que vienen a visitar nuestras playas y a los
periodistas que airean nuestras miserias. Los militares y milicianos
lo han dejado todo hecho un asco: el patrimonio artístico ha sido
expoliado, las catedrales rotas, de la Sagrada Familia sólo queda la
torre pequeña, las chimeneas de las fábricas andan por los suelos y
las pinas no funcionan por falta de humo. Los pobres pelean, lloran y
dan vueltas, los pájaros se esconden, los ricos se han ido. Lo único
que sigue donde siempre es el campo, pero no se siembra porque no
hacen más que pisarlo con tanto ir y venir. Aún así el paro ha
caído en picado, la demanda de mano de obra se ha disparado. La
necesidad de pan, fosas y trincheras hace que nadie se quede quieto,
la actividad es frenética. Han desaparecido las bajas por depresión,
los contratos temporales, los gatos, las palomas, los gordos y el
salario mínimo; el número de pensionistas ha descendido
drasticamente y los muertos de miedo se cuentan por millones. El día
12 de mayo del 2019 la gente está cansada y lo único que le
apetece es comer algo y tumbarse. El 13 de mayo, martes, día de la
Virgen de Fátima quedan los jefes y hacen las paces. Al día
siguiente se privatiza España, se llevan flores a la Moreneta,
comienzan las obras del puerto de Barcelona, vuelven los viajantes
catalanes a recorrer los pueblos de Segovia, Mas está en la gloria y
Cataluña llena de moros.
Todas las
guerras empiezan por fiesta. Eso lo saben las grandes cadenas de
televisión, los fabricantes de banderas y los vendedores de armas.
También lo saben los muertos y refugiados de la resaca, pero esos
importan menos porque la tele ya se ha ido a cubrir otra fiesta. Que
se lo pregunten a los bailarines de la Primavera Árabe, a los
patrios coros bosnios enmudecidos o a los millones de perestroikas
que se han tenido que prostituir sobre los escombros del telón de
acero. Primero vienen las gaitas, los bongos y las manitas arriba,
luego las arengas y puñetazos y más tarde los tiros y los lloros.
Siempre ha sido así, o parecido, y para eso está la historia, para
repetirse. Eso de que “él que no la conoce corre el peligro de
repetirla” es una falacia difundida por los que viven de ella y la
misma historia se encarga de contradecirlos. Además, ¿qué
historia?, si en cada sitio cuentan una. Esta es la mía.